Marcas como Chloé, Etro y Rodarte vienen trabajando esta dirección desde hace varias temporadas, mezclando romanticismo, archivo y detalles con apariencia desgastada o heredada.

El resultado se traduce en prendas con una impronta más emocional, menos rígida y con cierto aire nostálgico que atraviesa tanto el prêt-à-porter como los accesorios.

El elemento más destacado es el uso de superficies densas que evoca tapices y decoración antigua, como ricos jacquards, estampados florales oscuros de época y suntuosos brocados. Debido a la gran cantidad de información visual que ofrecen, estos patrones aparecen de forma controlada en las pasarelas: en piezas impactantes como abrigos o blazers estructurados, o en recortes y detalles aplicados a bases lisas.

En el desarrollo de productos, este tema funciona muy bien para diferenciar y aumentar el valor percibido de las prendas. El enfoque ideal es trabajar con esta estética en series planificadas, centrándose en el fuerte atractivo del diseño de las piezas seleccionadas, sin necesidad de una producción a gran escala.

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